En la medicina académica, una actividad colateral es la publicación de escritos y artículos que pueden ser resultado de protocolos de investigación, revisiones de un tema, editoriales, presentación de algún desarrollo o invención médica, y casos clínicos. Todo eso y más se puede hacer en revistas, libros y tratados, pero además, en la actualidad, se han incrustado publicaciones electrónicas, avisos y noticias en las redes sociales. En mi desempeño profesional tuve la oportunidad de formar parte de comités editoriales en revistas nacionales, como Cirugía y Cirujanos de la Academia Mexicana de Cirugía, e internacionales, como Artificial Organs y Peritoneal Dialysis International, entre otras, que me proyectaron a ser editor de otras revistas nacionales sólidas, como Gaceta Médica de México y Nefrología Mexicana, en ambas por seis años. En Gaceta, mi equipo y yo introdujimos avances en la portada, en el plazo de recepción de trabajos para rechazo o publicación, en la tipografía y los colores; se decidió que fuera una revista electrónica y se suprimieron secciones como la de casos clínicos y la de historia y filosofía de la medicina. Con todo ello se elevó el factor de impacto de 0.2 a 0.78, pero no llegamos al 1.0, meta que se truncó por mi relevo anticipado por un nuevo editor. En Nefrología Mexicana, que dirigí en la década de 1980, se modificó la portada, se pasó de tamaño esquela a carta, se aumentó de tres a cuatro números al año, y con la participación de anunciantes fue autosustentable. En Gaceta formamos un equipo con un editor ejecutivo con experiencia editorial y de impresión, dedicamos tiempo cotidianamente, junto con tres editores encargados, a dar cabal finalización a los trabajos en colaboración con la secretaría y los autores para finalmente formar el numero a publicar, así como tener el siguiente número listo para imprimirlo puntualmente. La revista Nefrología Mexicana nació poco después de que la Sociedad Internacional de Nefrología cambiara el título de su revista de Nephron a Kidney International, a cargo del norteamericano Roscoe Robinson, que también ininterrumpidamente ha alcanzado el 47 volumen anual.
El oficio de editor de publicaciones, que en ocasiones es bien pagado y en la mayoría de las revistas médicas nacionales es voluntario, está sujeto a múltiples interacciones con directivos de sociedades y colegios, coeditores, impresores, colaboradores, lectores, patrocinadores y la secretaría. Este oficio no se enseña, se aprende, aunque recientemente la Sociedad Europea de Nefrología ha abierto cursos para capacitar en la labor editorial a los miembros que así lo deseen, y la International Society of Nephrology lanzó una convocatoria para renovar a su editor, sujeto a un concurso de méritos y requisitos. Estos dos acontecimientos dan idea de lo complejo que es ser editor médico. Han surgido numerosas empresas editoriales en el mundo, aparte de las clásicas Karger, Springer, Elsevier y recientemente en México Permanyer (de Barcelona, España), lo cual da luces a pensar que la edición de revistas es un buen negocio para la mayoría de las compañías editoriales; en los últimos años, han aparecido otras empresas que incluso pagan a los autores unos honorarios por sus trabajos, aunque la mayoría cobran (y fuerte) por publicarlos, y otras se califican como «revistas depredadoras», que están al acecho de artículos rechazados o bien de otros de excelente calidad. Las grandes revistas tienen su oficina y cuerpo editorial; por ejemplo, Kidney International tiene personal técnico y más de 30 coeditores por secciones y subeditores. Nuestra revista, que ahora es electrónica e impresa, tiene que mantenerse, a futuro volver a ser autosuficiente y tener toda la atención del cuerpo directivo. Un nuevo editor, el Dr. Antonio Méndez Durán, llega con mucho entusiasmo y ganas de que la revista progrese y sea más llamativa (de ahí el cambio de portada). Los integrantes del Colegio debemos apoyarle con el envío de trabajos de calidad, de interés, de investigaciones propias que hagan presencia en el campo científico, apegados a las instrucciones para los autores, y hacer las modificaciones que indiquen los revisores oportunamente. El cuerpo editorial podrá rechazar trabajos que no reúnan los requerimientos o no tengan trascendencia. Todo ello hará que la revista Nefrología Mexicana se supere. En lo sucesivo, para los números especiales o suplementos que contengan los resúmenes de trabajos enviados al congreso anual, se deberá ampliar la fecha de recepción y apegar a las instrucciones para presentación de trabajos libres; se podrán rechazar aquellos que no las cumplan. Se deben publicar con número progresivo, agrupados por secciones. Sería muy bueno ofrecer un premio a los mejores trabajos, y dar más espacio y oportunidad a las presentaciones orales.
Los cuatro baluartes del Colegio de Nefrólogos de México son su creciente membresía, la serie de 59 congresos anuales interrumpidos solo por la pandemia, su sede oficial y su revista. Sugiero al editor que, entre los integrantes de su consejo editorial, vaya capacitando a uno o dos para que le sucedan dentro de algunos años. La directiva debe comprender que el cargo de editor de nuestra revista no es por elección, sino por capacitación.