Espero que estas palabras les permitan contar con una semblanza, justa, equilibrada y objetiva, del Dr. José Carlos Peña Rodríguez.
El Dr. Peña Rodríguez es norteño, nacido en la ciudad fronteriza de Piedras Negras Coahuila el 18 de octubre de 1931. Era muy pequeño cuando quedó huérfano al morir su padre en un accidente. Junto con su mamá y su hermano emigraron a la Ciudad de México, a la colonia Cuauhtémoc. Su infancia y adolescencia transcurren en la escuela, el basquetbol y lo que en un futuro y durante toda su vida ha sido una de sus más grandes pasiones: la lectura.
Estudió la carrera de Médico Cirujano en la antigua Escuela de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, ubicada en República de Brasil No. 33, en el centro histórico de la Ciudad de México. En 1953 obtiene el cargo de Jefe de Practicantes de la Cruz Roja. Por esa fecha escucha al Dr. George W. Thorn, jefe de medicina del Peter Bent Brigham Hospital y Profesor de Medicina de Harvard, durante una visita que realiza al Hospital de Enfermedades de la Nutrición.
La erudición del profesor Thorn le impresiona, ya que cubría varias facetas de la labor médica: era un clínico sagaz en el diagnóstico de padecimientos de medicina interna complejos y, al mismo tiempo, un investigador que hablaba de sus experimentos en el laboratorio con animales con la misma precisión y brillantez. Desde aquel momento, el Dr. Peña decide que ese es el tipo de médico que quiere ser. En el año de 1955 concluye la carrera de medicina con Mención Honorífica.
Realizó la residencia de medicina interna en el periodo de 1955-1959 en el Hospital de Enfermedades de la Nutrición (ahora Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán) y en el Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez.
En 1959 viaja a la Universidad de Michigan, en Ann Arbor, y se suma al personal del departamento de fisiología, donde adquiere conocimientos y habilidades sobre diversos métodos para el estudio de la función renal. En 1960 se traslada a Boston, al Peter Bent Brigham Hospital en Harvard, y llega a la unidad cardiorrenal a cargo del Dr. Jonh P. Merrill, pionero de la nefrología y de la diálisis y el trasplante, permaneciendo en ella hasta 1962.
Durante su estancia conoce, investiga y aplica los métodos de diálisis, hemodiálisis y diálisis peritoneal, y de primera mano analiza y revisa los avances que habían permitido a ese hospital efectuar el primer trasplante renal con éxito en el mundo. Cabe recordar que al grupo médicos del Peter Bent Brigham Hospital en Harvard se le concedió el Premio Nobel de Medicina en 1991 por sus trabajos en este campo.
Con este capital intelectual regresa a la Ciudad México, donde se incorpora al Hospital de Enfermedades de la Nutrición y queda adscrito al departamento de la unidad metabólica y al laboratorio de agua y electrólitos. En 1964 se convierte en su jefe y el departamento cambia de nombre, primero a fisiología clínica y después a departamento de nefrología y metabolismo mineral. El objetivo del departamento desde su creación ha sido formar clínicos de excelencia e investigadores de primer nivel en el campo de la nefrología. El Dr. Peña trabajó incansablemente para consolidar la enseñanza de la nefrología clínica y realizó las acciones necesarias para que el personal médico, al concluir su formación, fuera capaz de realizar estudios de investigación de calidad.
La labor de enseñanza se centró en una primera fase en la residencia de nefrología clínica, y en una segunda fase en la implementación de cursos de maestría y doctorado avalados por la División de Estudios de Postgrado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Siendo jefe de la unidad metabólica, el Dr. Peña promueve la rotación por 3 meses de los residentes de medicina interna en las áreas de investigación clínica y básica, y las clínicas de nefrología, hipertensión, metabolismo mineral, diálisis y trasplante.
Como titular del departamento de nefrología y metabolismo mineral entrenó a más de 70 nefrólogos. A su salida del hospital, la escuela de formación de nefrólogos que dejó el Dr. Peña continúa su filosofía de trabajo comprometida con la institución y, sobre todo, con los pacientes que se atienden en ella.
Su filosofía como maestro ha sido: «Tus alumnos deben sobrepasarte en sus logros». Creemos que lo ha conseguido con varios de sus discípulos.
Sus enseñanzas ha sido tan fructíferas que varios de sus alumnos han ingresado a la Academia Nacional de Medicina, entre ellos Jaime Herrera Acosta (fallecido), Francis Gabbai Laval, Juan A. Tamayo y Orozco, Marta Franco, Ricardo Correa Rotter y Gerardo Gamba Ayala.
Es de destacar que contó con una infraestructura sólida para todos estos logros: una unidad metabólica, un laboratorio de agua y electrólitos, un bioterio y una sección de fisiología renal, así como un grupo médico y de enfermería competente y comprometido con su labor. Junto con el Dr. Velásquez Forero creó las sesiones clínico-anatomo-patológicas con una periodicidad semanal, en las que se revisaban casos de pacientes que eran atendidos en el hospital.
Durante su larga trayectoria académica en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán desarrolló líneas de investigación para el estudio de la litiasis, el metabolismo mineral, la nefropatía diabética y la hipertensión arterial.
En su rol de investigador inició el proyecto en México y en Latinoamérica de micropunción de túbulos renales, y desde 1966 trabajó a favor del trasplante renal en nuestro país.
Es importante señalar que la sección de fisiología renal se ha convertido en el departamento de fisiología celular asociado a la UNAM, que dirige actualmente el Dr. Gerardo Gamba. El producto de este trabajo le ha permitido publicar más de 125 artículos en diversas revistas nacionales y extranjeras, así como más de 250 resúmenes en congresos.
En nuestro país, el Dr. Peña ha sido pionero en el desarrollo y la consolidación de las terapias sustitutivas de la función renal. En 1962 inició el primer programa de hemodiálisis crónica en México y posiblemente en Latinoamérica, y trató a cinco pacientes con fistulas externas de Scribner y dos riñones Travenol con filtros Chron a Coil. Por cierto, el reporte de esta experiencia fue su trabajo de ingreso a la Academia Nacional de Medicina en el año 1967 y constituye la primera publicación de un programa de hemodiálisis crónica en Latinoamérica. Este año cumple 56 años de pertenecer a esta distinguida institución, habiendo sido reconocido por sus miembros con el Premio Eduardo Liceaga unos años después de su ingreso.
Junto con el Dr. Herrera desarrolló en el Hospital Mocel la primera unidad de hemodiálisis privada en el país, y después en cuatro lugares más.
En 1966 fundó, con varios nefrólogos distinguidos de esa época, la Sociedad Mexicana de Nefrología. El mismo Dr. Peña redacta los estatutos, que fueron revisados por el Dr. Gordillo y el resto de los miembros de la primera mesa directiva.
En esos iniciales años del desarrollo de la especialidad tuvo la oportunidad de entrenar a los primeros nefrólogos del país y algunos extranjeros de países de América Central y del Sur. Uno de estos primeros nefrólogos, el Dr. Jaime Herrera Acosta, se convirtió en el jefe de nefrología del Instituto Nacional de Cardiología.
En 1972, junto con diez colegas, fundó el Instituto Mexicano de Investigaciones Nefrológicas (IMIN), que se ha convertido en la Sociedad de Nefrología más importante y trascendente en el país. Sus reuniones anuales son reconocidas por su alto nivel académico. El IMIN ofrece un curso anual que el Dr. Peña trabajó con el Dr. Jaime Herrera Acosta hace 42 años (de 1981 a la fecha), y que se ha convertido en el mejor curso de actualización de nefrología en el país. Actualmente, la coordinación del curso se alterna entre el Instituto de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y el Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez.
A fines de los años 1980 fundó, junto con otro grupo de connotados nefrólogos, el Consejo Mexicano de Nefrología, del que fue su primer presidente y es miembro permanente de su consejo directivo.
Su amplia experiencia y su conocimiento los ha compartido a través de la publicación de varios libros; el primero de ellos, Nefrología clínica, y después Nefrología clínica – Trastornos del agua y los electrolitos, son actualmente libros de texto utilizados por los alumnos de medicina del país.
En el año 2015, la Sociedad Internacional de Nefrología le distinguió con el Pioneer Award por su labor en el desarrollo de la nefrología en México y Latinoamérica; dicho premio se mostró en una galería fotográfica en el Congreso Mundial de Nefrología en Ciudad del Cabo, en Sudáfrica.
Durante más de 10 años se desempeñó como director médico del Centro Diagnóstico Ángeles (CEDIASA), coordinando la atención médica de un poco más de 4000 pacientes. CEDIASA es el centro más grande de hemodiálisis en la República, y de hecho en Latinoamérica; cuenta con más de 660 máquinas de hemodiálisis con la más avanzada tecnología, 45 nefrólogos y más de 40 médicos entre internistas y generales, así como más de 400 enfermeras.
Para el entrenamiento de los médicos generales e internistas, el Dr. Peña diseñó un diplomado en hemodiálisis de 2,5 meses de duración, avalado el primero por la UNAM y los últimos nueve por la Universidad La Salle. Hasta la fecha, bajo su coordinación se han impartido 10 cursos y se ha entrenado a casi 100 médicos en esta técnica. Para apoyar el buen desarrollo del curso publicó un libro más, Diálisis: fisicoquímica y fisiología; indicaciones y complicaciones, que apareció en abril de 2015 y es el primero en su tipo y características en nuestro país.
A fin de aprovechar su experiencia docente y de investigador, el año pasado fue designado director de investigación y enseñanza de CEDIASA. Este puesto le ha permitido continuar reforzando la enseñanza y la investigación de la especialidad, contribuir a mejorar las competencias del personal de salud que participa en la atención del paciente con enfermedad renal crónica, y desarrollar líneas de investigación que innoven y mejoren la atención que se brinda a estos pacientes.
Antes de concluir, es importante reconocer el apoyo incondicional que ha recibido de su familia, en especial de su compañera de vida, la Sra. Adelaida Benítez, mujer agradable, inteligente y elegante. Sin duda, su pérdida fue un duro golpe para él; sin embargo, con valor y entereza, así como con el apoyo, el cariño y la cercanía de sus hijos, José Carlos, Federico, Mauricio y Santiago, sus nueras, sobrinas, sobrinos y nietas, ha logrado afrontar esta triste etapa.
Estimado Maestro Peña, su familia, sus alumnos, sus colaboradores y sus amigos, agradecemos por compartir y formar parte de su vida. Justo es reconocerlo por su brillante trayectoria académica. Gracias Dr. Peña por ser así, por su labor incansable, por su legado y por su compromiso con los pacientes.